Historias de miedo: Una mano grande y rasposa


Cuando vivía en China, una vez me enoje muchísimo con mi ahora ex. Me salí de los departamentos donde viva y me fui a caminar a una montaña cercana que tenia una especie de templo en la parte más alta.



Siempre iba a ese lugar a olvidarme de todo, porque nunca había gente y la vista era hermosa. Ese día ya era de noche y no se veía nada, pero no sabia a dónde más ir a llorar, así que con la luz de mi celular recorrí toda la montaña hasta que llegue al templo.

Me acurruqué en una banca de madera muy vieja y llore hasta quedarme dormida. Entre sueños escuché los pasos de alguien entrando al templo, y sentí como se sentó a mis pies en la misma banca y puso su mano en mis pies.

Apenada me paré de golpe para disculparme por haberme dormido allí, pero al incorporarme no había nadie. Nunca he sentido tanto miedo y tanta paz al mismo tiempo. Después de contarle la historia a mis amigos chinos me dijeron que nadie subía allí por esa misma razón.


Una mano grande y rasposa


Un día cuando tenía unos 16 años y estaba con mi familia terminando de cenar, todos se quedaron en el comedor pero yo quise subir a ver la tele. Cuando iba subiendo las escaleras sentí una mano enorme y rasposa que me jaló del tobillo e hizo que me cayera.

Grité y todos vinieron, yo estaba llorando como loca, mi papá buscó por todos lados y no había nada. Nos subimos al cuarto y de la puerta se veía hacía la calle, en la esquina vi una mujer joven con una bata blanca y con el cabello largo y rizado pero no se le veían los pies, era como si estuviera flotando.

Pegué un grito de terror, no sabía qué pasaba pero mi hermana mayor corrió, me abrazo y me dijo que ella también la había visto. Me quedé dormida llorando. 12 años después sigo subiendo las escaleras de mi casa corriendo.

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