Mariana, mi extraña amiga del cementerio
Todo comenzó cuando tenía 4 años. Mi abuela solía llevarnos
al cementerio a ver a su marido que había fallecido y como toda niña empecé a
correr y jugar en las tumbas y me detuve en una que llamo mi atención.
Era una tumba que tenía forma de casita con unas rejas y en el vidrio había juguetes, pues la tumba era de una niña, me quede jugando en ella y luego nos fuimos.
Cada ves que íbamos al cementerio siempre me iba a la misma
tumba a jugar. Un día mi hermana fue a buscarme y me dijo que dejara esos
juguetes que no tenía que tocar, pero yo le dije que Mariana me dejaba jugar
con ellos.
Mi hermana sorprendida, buscó en la tumba el nombre de la difunta
y confirma lo que yo le había dicho. La niña se llamaba Mariana, obviamente yo
no sabía leer y eso la espantó mucho.
Desde ese día no permitieron que regresara al panteón, pero después
de lo sucedido empezaron a ocurrir cosas extrañas en mi casa, a mis hermanos,
todos escuchaban durante la noche ruidos y veían sombras.
Un día le dije a mi mamá que Mariana no les haría daño, que era
ella quien jugaba en toda la casa. Mi mamá me creyó y lo que hizo fue acudir
con el padre de la iglesia a pedirle consejos para alejar el mal espíritu (así
le decían ellos). Con el tiempo, Mariana dejó a mi familia en paz y todo volvió
a la normalidad.
Cuento esta historia gracias a que mis tíos, tías, mis padres
y mi hermana me explicaron lo que yo había experimentado. Yo era solo una niña
y nunca me asusté pues para mi todo era normal y ver a Mariana era como si
viera a cualquier persona.
Tengo 15 años, y ahora que conozco le verdad, y tengo
conciencia de mis actos, fui a buscar esa tumba al cementerio. Investigué el
registro de MARIANA pero no existe nada sobre ella. Es como si hubiera
desaparecido o nunca la hubieran enterrado en ese lugar.

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