El Sádico Hombre Del Pueblo y El Perro Delator
Julián y Marta eran una pareja feliz que desde hace un año
se había mudado al campo, el lugar era perfecto para que Julián se pudiera
dedicar a escribir su novela sin ser molestado y Marta se dedicara a la
pintura. La pareja además estaba muy enamorada y habían empezado a hablar
de ampliar la familia. La idea de que sus hijos se criaran en un ambiente tan
protegido y entre la naturaleza era algo que a ambos les encantaba. Todas las tardes salía a correr junto a su perro, un paseo
que encantaba al animal porque siempre llegaba feliz y agotado de tanto
esfuerzo. Sin embargo la paz que tenían parecía estar a punto de acabar.
Desde hacía varias semanas se habían empezado a dar extrañas desapariciones en el pueblo, varios coches de turistas o gente que estaba de paso se quedaban estacionados por largos plazos de tiempo sin que sus dueños regresaran a reclamarlos. Eso al principio no parecía molestar a nadie pero en un pueblo pequeño siempre se comenta todo y el misterio parecía ir a más cada vez. Las autoridades poco pudieron aclarar del asunto, las propietarios de los vehículos habían desaparecido e incluso había denuncias de familiares reclamando que se realizara una investigación. Julián estaba muy preocupado por Marta y cada vez que ésta tenía que ir al pueblo, siempre se ofrecía a acompañarla; aún así, pasados unos días, casi sin darse cuenta regresaron a su rutina. Hasta que una tarde…
– Mi amor ¿qué te ha pasado? ¿cómo te has hecho esto?.
– Estaba paseando con Cronos (el nombre del perro) cuando ha
aparecido un jabalí, el animal debía estar herido o algo porque me ha atacado.
Corriendo entre los árboles me he raspado con las ramas, hasta que me he
torcido el tobillo y he caído al suelo. En ese momento el animal me ha herido en
el brazo y, si no hubiese sido por Cronos, probablemente no lo hubiera podido
contar. Se ha portado como un valiente atacando al jabalí y haciéndole huir.
Julián había salido a su habitual paseo con el perro... cuando apareció cojeando por la puerta con el perro con la boca manchada de sangre. Estaba totalmente arañado y cojeaba de su pie derecho, pero lo más inquietante era un corte que Julián tenía en uno de sus brazos, un corte tan profundo y limpio que parecía hecho con algún tipo de cuchillo.
Marta estaba realmente asustada, casi pierde a su marido y
no se había dado cuenta, el pobre debía haber pasado un calvario para poder
llegar hasta su casa con esa torcedura en el tobillo. Llamó al médico del
pueblo y limpió las heridas de Julián. El doctor diagnosticó lo que ambos se temían: un esguince en el tobillo y
necesitaría al menos dos semanas de reposo absoluto si quería recuperarse del
todo. Pero lo que más le llamó la atención al médico fue el corte del brazo,
nunca había visto un corte tan limpio, era casi perfecto. Cosió la herida y les
prometió volver en un par de días para ver la evolución de los puntos y evitar
que se infectara.
Tanscurrieron unos días y Julián se encontraba mejor, pero el que parecía otro era Cronos, el
perro, no quería comer nada y cada vez estaba más agresivo. Una tarde aprovechando que
Julián se durmió una siesta, Marta decició salir a pasear con el animal, un paseo no
muy largo ya que le daba miedo adentrarse en el bosque pero el animal cada vez la adentraba y con fuerza, hasta que finalmente el perro se soltó y salió corriendo.
Aunque intentó alcanzar a Cronos fue imposible, sin embargo para suerte de Marta el perro se metió a una cabaña pequeña situada a 50 metros, casi escondida entre las rocas, probablemente era la cabaña de un cazador y el animal la había llevado allí guiado por el olor de algún animal muerto.
Todo estaba bastante oscuro pero pronto se dio cuenta que Cronos estaba a pocos metros de la entrada comiendo algo en el suelo, cuando se acercó pudo ver que lo que parecía un bulto era en realidad el cuerpo de una persona. Asustada, comenzó a andar hacía atrás hasta que sin darse cuenta se tropezó contra un armario, el golpe provocó que un parde frascos de cristal cayeran al suelo, al estallar contra el pavimento decenas de ojos humanos salieron rodando por el suelo y se levantó un fuerte olor a alcohol. Marta comenzó a vomitar, el espectáculo era repugnante y cuanto más se fijaba en el interior de la cabaña, más macabro resultaba todo.
Habían restos humanos desperdigados por toda la cabaña,
sobre una mesa de madera había varios tipos de cuchillos y hachas con los que
alguien parecía haber estado descuartizando a sus víctimas. En una de las
esquinas había algo que enseguida le resultó familiar a Marta, una motosierra
que ella misma había regalado a Julián y decorado con sus pinturas para simular
un simpático pez sierra.
Todo empezaba a cuadrar en su cabeza, los metódicos paseos
de su marido cada tarde, la forma en la que el perro la había guiado
directamente hasta el lugar, cómo el animal se había negado a comer durante
días y cada vez estaba más agresivo, las desapariciones que habían comenzado
poco tiempo después de su llegada al pueblo...
Asustada, salió corriendo en dirección al pueblo, no era
complicado para ella guiarse por la zona porque había un par de montañas que la
servián de guía y la orientaban en la dirección correcta. Una hora y media
después regresó a la cabaña con una docena de hombres del pueblo entre los que
estaban un par de policías.
Al llegar allí, más de uno de esos hombretones de campo
empezaron a temblar como niñitas. Al iluminar el interior de la cabaña con sus
linternas, el espectáculo que vieron les heló la sangre. Todo era mucho peor de
lo que había descrito Marta, había restos humanos de al menos veinte personas,
algunos habían sido preservados en alcohol y otros colgaban de ganchos con el
cuerpo parcialmente devorado por el perro.
Un policía se acercó al cuerpo que había tendido en el
suelo, era el más reciente y parecía que le habían asesinado y habían tenido
que salir huyendo, en una de sus manos sujetaba un revólver al que le faltaban
un par de balas, probablemente había disparado al asesino cuando éste le
sorprendiera investigando en su cabaña. El hombre era el investigador enviado
desde la ciudad y parecía que la causa de su muerte había sido que Cronos le
había desgarrado la garganta.
A los pocos minutos un dispositivo policial se presentó en
la casa de Marta y Julián, pero Julián había desaparecido del lugar dejando
todas sus pertenencias. Probablemente el perro, al regresar a casa con la boca
ensangrentada, le advirtió que su guarida había sido descubierta, o tal vez es
porque en un pueblo pequeño siempre se comenta todo...

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